Cuando Penélope encontró la puerta

Rosa María Ramos Chinea ha publicado con Aguere/IDEA Delirios de Orilla, un conjunto de dos poemarios escritos entre Venezuela y Canarias

“Escribir me ordena” Rosa María Ramos Chinea

“Rosa Ramos es una de las poetas más completas que hay ahora mismo en la isla” Elena Villamandos González

Aida González Rossi / @noimantada

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Foto: Pedro García Lorente

Durante los años 60, en una franja muy grande del mundo, se educó a las mujeres como buscadoras. Debían encontrar para vivir. El amor estaba fuera, en los otros, y para estar plenas había que llegar a la media naranja y cumplir con un papel. Las niñas de los 60, como otras muchas antes, se prometieron a sí mismas que algún día encontrarían lo que las completara. Lo hicieron a los pies de la cama, mientras rezaban. Con el tiempo, el feminismo de tercera ola (el que no se conformó con la igualdad sobre el papel) quiso romper las promesas. La mujer asistió a discursos y a experiencias que la hicieron, de pronto, completa, una sola cosa. ¿Cómo lo vivieron las mujeres que pasaron de buscar a encontrarse? Rosa Ramos, poeta canario-venezolana, explora esto en su último poemario publicado, Delirios de Orilla.

Rosa María Ramos Chinea nació en Caracas en 1958. Sus padres habían emigrado desde La Gomera. Empezó a escribir poemas a los 12 años (pequeñas composiciones con rima). Fue profesora de inglés y directora de cultura en la Universidad Politécnica “Antonio José de Sucre”. En 1999 se trasladó, con su hijo de 13 años, a Canarias. Como el eterno retorno de Nietzsche. Actualmente es maestra de primaria, y acaba de publicar con Aguere-IDEA el libro de poemas Delirios de Orilla. El libro comienza con un prólogo de Isabel Medina, y está ilustrado con fotografías de Pedro García Lorente.

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Delirios de Orilla (Ediciones Aguere/IDEA)

Delirios de Orilla es un libro en el que, como dijo Wislawa Szymborska de su propia obra, “está todo”. La poesía de Rosa Ramos es tan íntima que consigue explicar su vida, delimitar perfectamente a la persona que habla. Según explica ella, su obra (recogida antes en Tiempo de Queja y en otros poemarios inéditos, como La casa de piedra y Lápiz de ceniza) es una confesión de lo cotidiano. La búsqueda de respuestas y de identidades a través de la vida. “Lo hace de una manera que deja una vibración, que consigue una identifiación con el lector”, cuenta. Esto lo hicieron antes poetas latinoamericanas como Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni o Hanni Ossot. “Conseguían un destello, un estallido, con sus confesiones”.

Delirios de Orilla está dividido en dos partes: Hilos de Orilla y Delirios de Apertura. La primera explora el descubrimiento de la persona, o la mujer, a través del amor; la segunda, el descubrimiento de la persona, dentro de un colectivo, a través de la lucha social. Son dos temáticas diferenciadas, y los dos poemarios pueden leerse por separado. Sin embargo, ambos llegan a la misma conclusión: las respuestas no están fuera, sino dentro. Para Elena Villamandos, escritora y poeta canaria, que ha publicado recientemente la novela Pasajeros del tiempo, “hay una búsqueda de reconciliación personal e íntima que desde el interior conecta con lo universal”.

Penélope

Hilos de Orilla, la primera parte del libro, empieza y termina con la imagen de Penélope (la mujer que esperó a Ulises durante años, tejiendo y destejiendo un tapiz que le permitía posponer el matrimonio con alguno de sus pretendientes). Penélope es, para Rosa, el símbolo de las mujeres que fueron educadas como ella. Las educaron para esperar o buscar el amor fuera de ellas, en lo externo. Penélope, dentro de la imaginación de Rosa Ramos, se atreve a buscar el amor para encontrarse a sí misma. Y va viviendo relaciones fallidas y condenándose, muchas veces, al abandono. Se resuelve cuando la persona poética entiende que la única salida es amarse a sí misma. “Aunque pueda parecer un cliché, a nosotras nunca se nos enseñó que el amor puede venir de dentro”, explica la autora.

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Foto: Pedro García Lorente

Son poemas cortos, independientes (pero, de nuevo, cobran sentido cuando se leen en conjunto), y fueron escritos en la década de los 90. Rosa Ramos todavía vivía en Venezuela. Acababa de salir de una relación tormentosa, controvertida, que había creado un paréntesis en su vida. Empezó a buscar la liberación en relaciones con otras personas. Muchos de ellos eran “repeticiones neuróticas” de quien le había hecho daño. Rosa se convirtió en una Penélope moderna y, al final, tuvo que escribirlo para entenderlo. “Escribir me ordena”, explica. “Es una reacción al caos”.

Todos los textos de Hilos de Orilla podrían dividirse en partes con nombre y apellidos. Nacen de experiencias vividas. Son, como los califica Elena Villamandos, íntimos. Hay imágenes recurrentes, como las orillas (el límite de algo, su fin), el precipicio (también el límite de algo, pero un límite que significa caída) y los espejos (en los que la persona se descubre a sí misma). Son poemas cortos sobre desamor y abandono. “Ves el poema, lo hueles, casi podrías tocarlo. Respira por sí solo”, define Villamandos, que insistió en conocer a Rosa a través de una amiga común después de leer su poemario publicado en Venezuela, Tiempo de Queja.

La puerta

La segunda parte del libro se llama Delirios de Apertura, y es un poemario que, sin duda, se define como social. Ya no es una sola persona la que se busca, sino un colectivo. O una persona, pero dentro de un colectivo. Rosa Ramos define Delirios de Apertura como una lucha. “Vamos tocando puertas. Vamos hacia la solidaridad, la religión, la política…, para responder a unas preguntas básicas sobre nosotros mismos”, cuenta la autora. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Las infinitas preguntas humanas. Para Rosa, la sociedad nos da unas opciones de respuesta que no son suficientes.

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Foto: Pedro García Lorente

Delirios de Apertura trata sobre una puerta. La persona poética, esta vez un colectivo, trata de abrirla. La seduce, le ruega, la golpea. Pero el portón nunca cede, y los personajes sienten que la única salida para ellos está allí. Que todas las respuestas están al otro lado. Rosa María, a los cinco años, le hizo una pregunta a su abuela: “¿abuela, yo nací?” Su abuela Rosa, ocupada, le respondió: “mi niña, las que nacen son las papas”. Esa fue la primera vez que se dio con la puerta.

Esta parte del libro la escribió en la década de los 2000. Ella define esta etapa como “años de hecatombe mundial”. Algo había cambiado, y había que empezar a buscar soluciones nuevas. Además, acababa de trasladarse a Canarias. En Delirios de Apertura se pasa de la esperanza a la frustración, hasta que los personajes deciden abandonar. Y relajarse. Y, cuando dejan de buscar respuestas, las encuentran. Se contemplan a sí mismos y se entienden. De nuevo, las respuestas no están fuera, sino dentro.

¿Cómo interpretamos la puerta? Es un personaje misterioso, callado y duro. Para Elena Villamandos “las puertas son un símbolo del cambio. A veces significan encierro, pero a la vez es aquello que se tiene que derrumbar para poder evolucionar”. Para Rosa Ramos también es así. Buscamos todo tipo de soluciones para abrir la puerta: la política, la cultura, lo solidario… Intentamos llenar con esto el “vacío interior” que tenemos, como lo definió el poeta venezolano Rafael Cadenas. Sin embargo, “solo existen el ser y la nada”, explica Rosa Ramos Chinea.

Una poesía de aire

En 2015, Rosa publicó este libro de búsquedas. Ya había publicado Tiempo de Queja, cuando vivía en Venezuela. Rosa es, sobre todo, lectora de poesía. Sus influencias parten de la poesía venezolana (porque en su juventud se reunió con la poesía viva de Venezuela, y autores como Eleazar León le hicieron heredar una concepción poética de la vida), de la poesía norteamericana y de grandes figuras como Sylvia Plath, Adrienne Rich o Julio Cortázar.

“Sí, siento mucho la influencia de Latinoamérica. Quizá esa preocupación mía por buscar la palabra exacta…”, sostiene, y permanece pensativa. Rosa Ramos se preocupa mucho por borrar los excesos de palabras, por buscar el equilibrio y la redondez en los poemas. Esto lo hereda de figuras como Rafael Cadenas, del aprendizaje a través de la lectura y de los artículos y decálogos que algunos poetas han dejado escritos. “En la poesía de Rosa hay mucho aire”, define Elena Villamandos, “y es más importante lo que no cuenta que lo que cuenta. Es una de las poetas más completas que hay ahora mismo en la isla”.

Los poemas de Rosa Ramos son fáciles, según interpreta ella. Transmiten una imagen clara que el lector puede interpretar de distintas maneras. Esto hace referencia al significado, no al contenido. Rosa insiste en que sus poemas no son herméticos. Son como fotografías que la mente de la persona poética transmite, acompañadas de emociones y pensamientos, al lector. Por eso tiene tanto que ver con las palabras de Wislawa Szymborska: “en mi poesía está todo”. A través de Delirios de Orilla podemos colarnos en pequeños fragmentos de la vida de la autora. Es más: podemos asistir a cómo se encontró y se saltó, estrepitosamente, la función que le había asignado su educación de niña de los 60.

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Foto: Marcos Cexs

 

Texto extraído de Delirios de Orilla

En la manada somos cada vez más

¿Se pueden romper las normas de cristal?

¿Es posible tachar las cuentas a seguir?

Defendemos posturas

Apostamos por causas

¿Quiénes se saben nuestra oración?

¿Quién contempla el arte que nos desborda

en pleno uso

de nuestra cordura animal?

Hay portales imposibles de franquear

Después de la reyerta

No existe reyerta

Más poderosa

Que renunciar a la reyerta

Descansar apacibles

de espaldas a los muros

Mirarnos en espléndidos espejos

Que desvíen la dirección de la luz

Y mover la mirada empecinada

Para tumbarnos al sol

De una vez y para siempre

Rosa María Ramos Chinea


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