Sal cerveza saliva

vivian maier
Vivian Maier, 1960

La sal forma costras en mi nariz. La sal forma costras en mi piel pálida. Alguien escupe agua, la propulsa, es la fuente de la que manarán los campos. Deseo (hoy no es mi cumpleaños, pero hace dos décadas aprendí a hablar) comprender el gesto que me tuercen: deseo tragar el lenguaje: deseo la mitología del salitre en la nariz, de las algas recogiendo la sangre, lamiendo la sangre, tirando del hilo de la sangre. Tú te sumerges con los ojos abiertos. Pica. Los globos rojos (la sangre) no significan nada: solo que ya no nos parecemos. No nos parecemos. Lo que me toca podría ser un bólido o un ovni o el dedo infinito de quien creó la playa (¿dudas del artificio de las aguas? ¿Dudas de los ojos en los montes y de la crema solar y de mis omóplatos trazados por un largo y zurdo brazo?). 

Ya no nos parecemos: me invitan a beber de una botella y la botella está plagada de saliva y en la saliva se ha posado la esencia del tiempo: la esencia del tiempo en las bocas de los seres que conozco, de los seres que harán manar los campos en las manchas de mis muslos, un lunar gigante, el lenguaje. La esencia del tiempo, girar el tiempo como un calcetín (¿vienes a la playa en zapatillas?), costras y una boca que es la orilla de otras aguas. De otras aguas y de otro rostro y de otro gesto. Pica. Los brebajes de la adolescencia: sal, cerveza, saliva.

En mi nariz, el mar. En mi estómago, todo lo que conozco.

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