Pastillas, vértigo

alejandra
Alejandra Pizarnik

a Andrea Abreu López

Alejandra ata eslabones, Andrea quema café con canela. Alejandra espera pájaros, Andrea vuela gatos. Andrea piensa en Alejandra y Alejandra ha muerto, Alejandra se ha torcido la vida y ha cantado con gritos y pastillas. Pastillas para no comer, pastillas para no dormir, pastillas para el vértigo. Tienes que tomarte las pastillas. Tienes que tomarte las pastillas o vas a morirte, Andrea: tú eres el agua que recibe la efervescencia. La efervescencia del tiempo y de los ojos de los otros. Alejandra riega la comida, Andrea no come carne. Los gatos devoran a los pájaros, los pájaros no tienen jaula y nos encierran cuando se desmaya la noche. Nos pinchan. Nos calientan. Nos cocinan, Alejandra, pero tú colocas postales sobre la cama, las enrollas en los hilos de la cama. Y Andrea ordena el gesto.

Alejandra canta, Andrea ensucia los poemas. Un alambre recorre las muñecas, los tobillos, el sexo. Un alambre ata la muñeca y el tobillo y el sexo de las niñas rotas y va de la vida a la muerte, de la muerte a la vida, del gato al corazón del pájaro. Por qué te moriste, Alejandra. Por qué la dejaste entre las lámparas de celo y el césped enfermo. Andrea lee Alejandra: Andrea coge el tren hacia el infierno y el infierno es un papel, y el infierno son los dedos roncos de los árboles roncos. Mírame: soy de llanto. Mírame: soy de pastillas, soy de clínica, soy de depresión y no hay espacio aquí para tus cataratas lárgate a otra parte incúbate en la cama sofoca tus temblores cállate ya.

Me gustaría convertirme en un espejo.

Yo te conozco, mujer: tú crujes cuando corres y lloras cuando los demás no sienten. Tú miras el espacio como miras el sonido. Yo te conozco. He vertido para ti un estanque. Quiero que bucees, y si no escápate. No tenemos jaula. Alejandra. Imagina la muerte de Alejandra, la soledad moribunda, la soledad de cráteres y seca, seca, Andrea. Tú desciendes la ciudad en bicicleta. Tú estás atada a las flores que se abren para cerrarse.

Alejandra: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría huirla de los techos y los parques. Querría quitarle las uñas de los pájaros.

Andrea: si tuviera una hija, no le pondría tu nombre. Querría que fueras tú.

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