Los pájaros muertos

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 I

Mi vecino se llama Jaime. Tiene un bigote grande y salado y juega con las latas como si todavía estuviera chico. Come chocolate con kikos a todas horas. Y no me ofrece. Si paso a su lado, no saluda. Yo me ofusco y me miro las bailarinas. Las pienso en danza sobre mí. Es como si no me viera: Jaime se sube el gorro y aspira su bigote. Érase una vez un hombre pegado a un kiko. Un kiko pegado a un hombre. Al chocolate. A mí.

II

Anoche soñé que a Jaime le salían un montón de estrellas en la cara y se las tragaba. Todas. De golpe. Como una aspiradora. Le miraba desde la ventana, y las persianas aleteaban y hacían como que querían que Jaime se las comiera, pero yo no, yo aguanté como una heroína. Soy una heroína de manga, una gladiadora, una forzuda y todo lo demás. Todo el césped y todas las hormigas se comió Jaime. Yo en casa. Yo mirándolo por la ventana y él no viéndome. No viéndome para no reconocer que soy la más fuerte de la calle y de la casa y de nosotros dos.

III

Mamá está histérica porque perdí las llaves y no sabe cómo voy a hacer ahora al salir de clase. Papá no dice nada. Creo que tienen que llegarle los grumos de los gritos de mamá, pero él sigue ahí con su libro y las gafas como escurriendo la nariz y casi rotas. Y nadie te puede abrir, dice mamá, nadie nadie nadie te va a abrir la puerta si no estoy. ¿Dónde las llaves?

IV

Mi vecino tiene un perro cojo y el perro cojo tiene una caseta y la caseta está llena de pulgas y pájaros muertos. Yo tengo una perra bulldog que juega conmigo y es la más graciosa de toda la calle pero ayer Jaime la miró desde las orejas hasta las patas y soltó un suspiro como si mi perra fuera un perro cojo con la caseta llena de pulgas y pájaros muertos. Después me vio a mí y quise escaparme pero se acercó a hablar conmigo. Me dio chocolate. Sabía a asco. Y a cigarro.

V

Todavía no hay llave, pero Jaime me abre la puerta del edificio y allí espero a mamá. Ella no quiere que pierda su copia también y así me castiga. No le acepto más chocolate al bigotudo porque creo que tiene gusanos.

VI

Me duele la barriga.

VII

Me duele la garganta.

VIII

Me duele ahí.

IX

Soy un perro cojo y tengo la cama llena de pulgas y de pájaros muertos. Soy una estrella y me como las uñas pero no quiero ir más al colegio, no quiero cerrar más la puerta y salir a la calle y que todos me vean, que me coman todos, que se me caigan los ojos y se partan contra la calle y ya no, ya se me ha caído la última muela de la última encía de mi última boca. Tengo sangre debajo de las uñas pero no oigo nada y me estoy haciendo rayos y centellas y érase una vez una yo una yo una yo pegada a un kiko pegado a una mano. Que no, mamá, que no: no quiero salir, no quiero salir, no tengo llave y no voy a poder volver. Ya nada. Ya no. Las terminaciones nerviosas al aire. Tengo catorce años, tengo catorce muelas, todas se me han caído. Se me ha roto algo.

X

El suelo sabe a cigarro.

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